Víctor Segalen

La vida cóncava

La vida cóncava muestra el talento heterodoxo de Segalen (1878-1919), y su negativa a encerrarse en el convencionalismo de los géneros. Viajero abierto al mundo, con sus estancias en China y Polinesia, se propuso compensar la destrucción de la memoria de muchos de sus pueblos —perpetrada por el colonialista siglo XIX—, y sobre todo atravesar todas aquellas fronteras que nos separan de los otros, para conocer su realidad física y hasta sensitiva, sus palabras intraducibles, sus ecos más ajenos.

En La vida cóncava —cuyo título alude a ese momento único en que advertimos la resonancia de las cosas, su genuina profundidad—, brilla el Segalen más generoso y clarividente, con su libre recorrido por muchos campos de la literatura.

Este grupo de seis escritos, inédito en su presentación, se abre con dos textos personales, sobre su nacimiento a la vida y la dificultad de la supervivencia, los tumultos y cóleras que componen toda biografía, como si fuese el curso de un gran río chino. Le siguen dos luminosos relatos, muy incisivos, sobre el alcance de las fugas de Rimbaud y Gauguin.

Por último, este poeta y narrador francés, también médico, nos advierte sobre esa idolatría en la Ciencia, dominante entre los escritores de su juventud que pretendieron hacer una limpia disección de sus semejantes. A cambio, defendió, con un estilo fulgurante, la fecundidad del mundo de las sensaciones y denunció la oscuridad que yace bajo esa pretensión objetiva.

La obra de Victor Segalen —bella y llena de energía—, se ha conocido realmente solo a partir de 1950 en Francia, y luego ya en el extranjero. Hoy es considerado como un escritor originalísimo y contemporáneo, no sólo por su perspectiva literaria sino también por sus descripciones de países alejados y sus análisis de los procesos de escritura.

cuatro.ediciones, 2004. Traducción y prefacio de Julián Mateo Ballorca.

ISBN: 84-931403-9-2

Precio: 14 €

Edición: 2004

Referencia: 20

Nº páginas: 168

Más información:

Desde hace tres décadas, la obra de Victor Segalen (1878-1919) ha venido recuperándose en nuestro país; sin embargo, y pese a la precisión y la fuerza de su escritura, logra su difusión paso a paso.

Lo primero que se rescató fue su poesía, en una Antología (Barcelona, Plaza & Janés, 1973) donde se recordaba que era uno de los poetas mayores del siglo XX. Y ello pudo corroborarse al aparecer Estelas (Madrid, A. Corazón, 1974), libro impreso en Pekín y definitivamente en París, cinco años antes de su muerte, pero únicamente recuperado en Francia casi treinta años después.

De hecho, en su país, sólo se difundirían sus escritos a partir de los años sesenta, y la circulación progresiva de sus libros y papeles se hizo poco a poco habitual. Así que no es de extrañar la tardía versión castellana de René Leys (Madrid, Alianza, 1978 y 2002), novela fundamental para todos —e impulsora de numerosos «segalianos» —, o de su escrito asiático El hijo del cielo (Barcelona, Seix Barral, 1983). A ellos se han sumado en estos años una pieza maestra como Viaje al país de lo real (Palma de Mallorca, Olañeta, 1984 y 2002), y el Diario de las islas, por obra de este mismo editor, en 2001.

En todos ellos encontramos, una y otra vez, percepciones rápidas e inquietantes, definitorias de un escritor que logró huir de los géneros más delimitados. Pero la obra de Segalen es amplia, y recorre muy vastos campos de la literatura. El escritor quiso paliar la pérdida forzada de la memoria de tantos pueblos, al cerrarse un siglo XIX, tan colonialista y depredador, como en el que se había formado, y quiso además acceder al otro física y sensorialmente —con su visión del desarraigo o con la conciencia de las palabras—.

En este nuevo libro se elige la segunda perspectiva, y se exponen seis muestras suyas, tan dispares como bien trabadas, que nos muestran un Segalen complementario al ya conocido entre nosotros. Precisamente por el carácter unificador de estos escritos decisivos se ha buscado un título original —La vida cóncava— que alude a la resonancia de las cosas que se produce en determinados días (según señalaba J.R. Jiménez), y en muchos individuos de todos los lugares.

La vida cóncava contiene, de entrada, dos textos medio autobiográficos, que apelan a un mundo en estado naciente y a la difícil supervivencia, ayer y hoy, de los humanos. En segundo lugar, ofrece el relato minucioso y nada ingenuo, pero lleno de luz, de dos fugas —imposibles— del mundo occidental, la de Rimbaud y la de Gauguin. Y, finalmente, nos hace ver el envés de la imparcialidad; esto es, el reverso de esa idolatría moderna que la Ciencia de su juventud le quiso imponer; de modo que el médico real que Segalen fue estudia —como poeta no menos efectivo— las mezclas de sensaciones, superando con creces a todos los psicólogos de su tiempo y da cuenta, con un toque magistral, de la locura que está presente en los hombres de letras que pretendieron hacer una limpia disección de sus congéneres.

El recorrido de este libro, por sus seis textos inéditamente ensartados, seguramente proporcionará una buena clave de la coherencia de Segalen. Su obra no sólo es subjetiva y objetiva —al ser medio poética y medio ensayística—, no sólo expone la vida de los demás y reconoce la fuerza de lo que es diverso, sino que también estuvo unida intrínsecamente a su propia experiencia. Resuena en él la vida de ese viajero bretón, inquieto, desencantado, de ese arqueólogo y antropólogo de primera fila así como, desde luego, ese poeta extraño y gran narrador.